domingo, 29 de enero de 2012

Posible y casi certera resignación.

A veces, algo nos impulsa a hacer cosas, que jamás haríamos. Cosas, que nuestra lógica afirma ser incorrectas. El resultado de la suma de nuestras coherencias y sensateces, sentencia que, aquello que anhelamos no puede ser y no tendría un resultado positivo.

Entonces, esa cosa, a la cual no quiero poner nombre, por el simple hecho de no atreverme, ya que mi lógica, me advierte de que puede ser otra cosa totalmente diferente.

Esa cosa, porque nos impulsa a hacer aquello, que creemos con toda certeza que es erróneo.

Yo lo he hecho, y me encuentro hoy domingo,  aquí, plasmando la incertidumbre de ese acto, esperando un resultado.

A medida que veo pasar los días, me doy cuenta de que, ese resultado que ansío, y que alimenta mi incertidumbre, ya es evidente. Simplemente por el hecho, de ver que pasan los días, y no hay nada. Pero aquí sigo esperando, esperanzada y por otro lado con un miedo increíble.

Quizá, el hecho de admitirlo ya. El hecho de ver que ese resultado, no tiene lógica, y que la solo creación de ese acto, ya no era algo lógico. Me hacen resignarme y comenzar a aceptar, algo de lo que ni siquiera tengo certeza.

No tendría que haber dejado, que mi alma me impulsase a hacer nada. Pero solo se vive una vez, o eso dicen. Mañana, será un día más en el cual mi cabeza, al igual que hoy, no pare de maquinar y buscar posibles posibilidades.

Y así, sucesivamente pasaran y pasaran los días, hasta que ese resultado llegue, o el simple hecho de la existencia de mi resignación, haga que ese resultado, aparezca con tal fuerza, que esta me presente ante mis narices, ese resultado, teniéndolo yo que aceptar a la fuerza.

lunes, 16 de enero de 2012

Típico pero si, el amor.

De nuevo hoy,  un día ya casi marchito por la inexistente luz,  el sol no ha salido ya que hoy en especial, se trataba de un día nublado, el cual ha dejado caer algunas gotas de lluvia.

Me encuentro en la típica oscuridad de las tardes de invierno, rodeada de nuevo de aromas,  incienso de Opio, acompañado con aceite de Retama y una vela, el cual hace hervir ese aceite, esta vez al igual que la anterior, de fresas.

Mis oídos se deleitan hoy, con música relacionada con Francia, o proveniente de tal. Un pequeño popurrí selecto, compuesto por un grupo bastante conocido, si eres de los que les gusta conocer más de lo que se muestra “Zaz”, una cantante con una biografía muy dramática “ Edith Piaf”, y el pianista “Yann Tiersen” el cual compuso la banda sonora de Amélie, una gran película.

Esta tarde trabaje, mientras caminaba admirando un día nublado como el de hoy para llegar a mi puesto de trabajo, me pare a pensar, en el día de ayer, un simple domingo.

En el cual, sin quererlo llegue a una conclusión, y por ende, a la posible solución de un pequeño factor que me compone.

-¿El amor tiene definición?

Pregunta obviamente con respuesta, pero tal respuesta deja incompleta esta. Todos sabemos, que la palabra amor y lo que esta define, es imposible de definir con exactitud.

Por lo tanto:

-¿Como somos capaces de saber cuándo nos hemos enamorado de alguien?

Reflexionando sobre mis pasos, y los innumerables casos que se han dado, en cuestión a este tema. Caí en la cuenta de que he estado enamorada, un valor incalculable de veces. Ya que, el amor en sí, no tiene definición, solo hemos de caer en la cuenta de las veces que hemos sentido.

Sentido, esa complicidad, esa conexión,  chispita en el estómago, la ilusión a la que todo el mundo se aferra, la mezcla de células o colisión de algo relacionado con nuestro sistema fisiológico, libera.

Desconozco el dato, de saber qué, en nuestro cuerpo, causa ese estado de felicidad temporal, que todos conocemos, pero, creo que ya se puede entender, a lo que me vengo a referir.

Por lo tanto, solo hemos de ser conscientes, de cuantas veces hemos sentido todo esto. Incluso por alguien a quien consideramos amigo o amiga, incluso en un pequeño transcurso de tiempo, una semana, dos días, un mes, cinco años, el tiempo es indiferente.

A lo que me vengo a referir, es, a que estamos tan obcecados individualmente, por encontrar el amor, que no caemos en la cuenta de que cada día, nos enamoramos constantemente, por lo tanto, cada día hablando de forma exagerada, encontramos el amor. Y por esa falta de atención, a nosotros mismos, no somos capaces de verlo.

Claro está, que, un amor de cinco años, no se puede comparar al de cinco días. En el primero, el de cinco años, hayamos una serie de vivencias, una rutina. En el segundo, solo sentimos, el amor con intensidad. Pero el segundo, es en sí, es el principio del resultado, que es el primero, el de cinco años.

En el hipotético caso, de que logremos de forma individual, prologar el máximo de tiempo, o durante toda la vida, ese momento de sentir intensamente. - ¿Diremos entonces que hemos hallado el amor?
Personalmente, creo que afirmar eso es egoísta e hipócrita.

Porque, entonces, que pasa con las relaciones pasadas. - ¿Solo era confusión? Como afirmamos, cuando vemos una posible continuación de esos sentimientos, antes nombrados. Sobre algo que no vemos viable, como esos sentimientos, los mismos, hacia un amigo.

Creo, que el análisis sobre esto, nos haría valorar, a cada uno de nosotros que realmente nunca estamos solos, porque siempre aparece alguien, al que rendirle ese tipo de sensaciones o sentimientos. Y por lo tanto, dejaríamos de ser egoístas en este aspecto. No sufriríamos tanto, ya que todos, pasamos por estas confusiones, las cuales podemos considerar, como amores. Porque realmente eso que se siente, por una ínfima parte de tiempo, o por mucho tiempo, creo que no deja de ser una especie de amor.

Estamos creados con la inmensa suerte de ser capaces de amar, de ser racionales, y saber separar cada clase de sentimientos, aunque a veces nos cueste hacerlo. De ser conscientes, por lo tanto, de cada sentimiento.

Porque entonces, no recapacitamos y ampliamos mas la visión que tenemos ante todo.

Ya que, creamos el dicho de: -El amor todo lo puede....

viernes, 6 de enero de 2012

Cosas insignificantes.

Miro a mí alrededor, observando cada pequeño rincón  con su correspondiente detalle,  mientras suena frágil y lentamente, Yann Tiersen. A mi izquierda, se difuminan pequeños rayos de luz, abrazados cuidadosamente por la sombra que desprende un puñado de pañuelos de hilo que mi ventana sostiene, como si flotasen en el aire junto a ella, para poder así ver lo que ocurre en el exterior, observar esos troncos marchitos, sin sus hojas, pero húmedos  por la rociada del invierno.

A pesar de hoy ser un día nublado, pequeñitos rayos de luz, se dejan ver entre las nubes apenas visibles, tales difuminan el cielo, dejándolo blanquecino, y haciéndonos creer, que tal inmensidad posee ese color blanco, puro y limpio.

Mi habitación, deja que un ramita de incienso, difumine un pequeño hilo de aroma y nuble todo el espacio que ocupa esta, de un aroma a pachouli.

Pachouli…

Un nombre ridículo, para un aroma tan intenso y agradable, mientras le acompaña una pequeña velita, con aroma sutil a fresas, haciendo hervir una pequeña y casi insignificante cantidad de aceite, con aroma a madreselva. Todo ese perfume es embriagador, si eres capaz de separar cada uno. En fin pocas cosas insignificantes, que me hacen mirar a mí alrededor, con atención, y observar pese a mi contradicción, lo grande que son esas cosas.

De pequeños placeres, nos hemos de enriquecer, puesto que la vida es larga, y trae consigo muchos baches, capaces de hacerte tropezar y sangrar.

Todos sabemos, que esas heridas producidas, por tales caídas, sangran bastante a pesar de intentar parar esa leve hemorragia. Pero gracias esas cosas insignificantes, a esos grandes placeres insignificantes, cada día podemos, como hoy me ha ocurrido a mí, mirar atentamente y con ello observar fascinados, las pequeñas cosas, esos pequeños detalles invisibles casi. Y sorprendernos, de ese aroma embriagador que todo lo que nos rodea desprende.

Respirar ese aroma, hasta que nuestros pulmones, se hinchen de su aire y que al expulsarlo, se dibuje una leve sonrisa cómplice, de satisfacción.

Por esas cosas insignificantes, que causan inmensos placeres.

jueves, 5 de enero de 2012

Hoy tuve un sueño ...

Ayer  te soñé, pude sentir tu respiración en mi nuca, fue algo tan real …
Por una fracción de tiempo, sentía ese aire embriagador, el cual me aportaba felicidad, sentía por fin, de nuevo,  esa plenitud risueña, la cual felizmente me cegaba.

Esa…

Por la cual dejaba todo, y solo esperaba tu reencuentro,  el cual me llenaba de ilusión y hacia ver que todo lo que me rodeaba pese a ser oscuridad, ante mis ojos se volvía luz, luz resplandeciente, cálida, acogedora.

Luz que me llenaba de satisfacción y riqueza, pese ser una persona humilde, sin apenas nada. Me lo devolvías todo…

 Me enriquecías solo con esa sonrisa cómplice, conseguías darme esa seguridad, que busco desesperadamente, y no logro hallar. Era tan real…

Pero luego desperté, en la misma oscuridad que poseía ahí dentro, en mi subconsciente. En mi sueño.
Esta vez, la oscuridad era distinta, me despojaba de todo aquello, que por una fracción de tiempo me había concedido. Esa punzada, tratando de ver una silueta en medio de una oscuridad fría, solitaria y dolorosa.

Esa punzada, me ha marcado hoy…

Me ha hecho derramar lagrimas, ansiando y anhelando, algo que se que es imposible. Solo podía preguntarme, porque, sin obtener respuesta.

Resignada, miraba a mí alrededor, con tristeza. Con esa punzada intensa en mi pecho. Más tarde contemplaba las calles y su paisaje, es tan bonito todo, pero carece de brillo, ya que ese brillo solo se da, cuando aun en la oscuridad, eres capaz de ver la luz.

Solo el simple hecho de esperar, a ver qué pasa, me pesa. Como levantar cabeza, cuando todo lo que te rodea, trata de ahogarte.